OFFICE SPACE (1999)



"Office Space" ridiculamente traducida como "Enredos de Oficina" es una genial comedia, escrita y dirigida por Mike Judge el creador de clasicos de MTV como "Beavis and Butthead" y “King of the Hill” (animación) cuenta la historia de una empresa computacional en la cual nada tiene mucho sentido y los que ahí trabajan tampoco se cuestionan que es lo que hacen o para qué. La gracia de esta comedia es que a pesar de reflejar una realidad muy gringa, logra ser absolutamente universal y todos podemos de una u otra forma encontrar un paralelo laboral en ella. Sin mayores pretensiones, narra la vida de Peter, un programador de computadores y sus amigos Michael Bolton, que por desgracia se llama igual que EL Michael Bolton, al cual casi todos hemos escuchado alguna vez en la oficina del dentista, y Samir, un aperrado inmigrante Hindú. Todos ellos bajo el mando de un desalmado jefe, Bill Lumbergh, quien los somete diariamente a todo tipo de humillaciones e indignidades sólo para pasar el rato. Peter lucha por mantener su pega y así poder pagar un pequeño departamento con paredes más delgadas que papel de volantín. Esto lo hace sentir que cada día es peor que ayer, sin contar con el hecho de que el “pololeo” con su novia va de mal en peor. Así que decide tomar sesiones de hipnoterapia para liberarse del estrés que lo consume. Un día su terapeuta lo hipnotiza para que se sienta (por un breve tiempo) completamente relajado y en paz con el mundo, pero justo cuando llega el momento de despertarlo, el siquiatra muere de un ataque al corazón y Peter sigue viviendo en un estado de completo Nirvana, a tal punto que todo lo que antes le preocupaba deja de importarle. Si algo le molesta, lo ignora o simplemente se aleja. Cuando llega el Lunes, Peter decide dormir hasta tarde y no ir a trabajar. En lugar de ello, va a almorzar a un restaurant cerca de su oficina y sin mas ni más, invita a salir a una de las meseras que siempre le había gustado (Jennifer Aniston, a quién el papel de chica bonita, simpática y livianita, le calza perfecto) En el intertanto, la empresa está realizando un proceso de “evaluación y reestructuración” a cargo de un par de organizadores externos. Por supuesto todo el personal está aterrado porque saben que la famosa evaluación, no es mas que una excusa para “cortar cabezas”. Cuando es su turno para la entrevista, Peter se comporta al contrario de sus colegas que han demostrado ser un atado de nervios. Relajado y amistoso, logra caerles en gracia, sobre todo cuando les cuenta acerca del montón de cosas inútiles que Lumbergh les encarga, especialmente los famosos informes TPS ( la película no explica la sigla, pero en mi opinión podría significar “Total Piece of Shit”) Luego de la entrevista, los evaluadores deciden que Peter es “material de gerencia” y lo ascienden, aún cuando éste sólo se presenta a trabajar cuando está de humor. Mientras tanto, despiden a los esforzados Samir y Michael, por lo cual Peter los convence para vengarse de la compañía usando un virus computacional que depositará centavos de dólar en una cuenta creada para ellos y que en un plazo de diez años se transformará en una fortuna. Obviamente, no todo resulta según lo planeado y Peter y sus amigos deben buscar una forma de salir del lío en que se han metido. Lo que es peor, la sugestión hipnótica comienza a desaparecer y nuestro protagonista debe aprender a seguir comportándose de manera resuelta y valiente.
Hay momentos de antología en esta cinta que vale la pena mencionar, como cuando deciden “secuestrar” a la maquina fotocopiadora de la oficina y la destruyen en un terreno baldío, en una perfecta paraodia de “Los buenos Muchachos” donde Joe Pesci despliega una de sus actuaciones mas inquietantes como un violento gangster de poca monta. Si han visto “The Good Fellas” se darán cuenta inmediatamente. Por otra parte, tenemos el despido de Milton, un tímido oficinista que sólo logra murmurar cada vez que le pasan por encima y esta vez queda al descubierto que Milton había sido despedido hace 5 años atrás, pero por una “falla del sistema”, había continuado recibiendo su cheque a fin de mes, por lo cual seguía laborando sin nunca sospechar que ya no era oficialmente empleado de “Initech”. El caso es que el jefe y los evaluadores deciden que seria muy gracioso no contarle nada y ver que hace cuando su salario no esté disponible. Ojo con Milton, ya que juega un papel muy importante en la resolución del conflicto en la película.
A fin de cuentas, gran parte de la diversión está en el rol que tiene el azar en la vida diaria y como contradice la famosa frase de Albert Einstein: “Dios no juega a los dados con el universo”.
Por ultimo, creo que es muy recomendable ver este film justo en esta época en la cual muchos no volverán a sus trabajos, serán promovidos porque le cayeron bien a alguien, o estarán haciendo balances de fin de año, preguntándose que pasó entre Marzo y Diciembre. Debo agregar que la película está completamente disponible, no hay que bajarla de misteriosos sitios web, usando programas de código abierto e incluso la han pasado más de una vez por el cable. O sea nada de elitista. En el epilogo, Peter decide darle un vuelco a su vida bastante “out of the box” y que lamentablemente sólo podría resultar en un país desarrollado. Lo importante es su decisión de cambiar su “carrera” por una vida más simple y de calidad. Pero ya no puedo seguir hablando de eso o les echo a perder el final.

Dexter: mi vecino, el asesino




Hace poco tiempo atrás empecé a ver una serie de TV que emite el canal Showtime en EEUU y que para variar, no ha llegado a Chile, a pesar de que comenzó su primera temporada el 2006. No sé cuándo ni cómo llegué a saber de su existencia, pero de ahí a bajar capítulos desde Internet y volverme adicto a ella hubo un solo paso.

La premisa es simple: un asesino en serie que se dedica a matar a otros asesinos en serie. Criado por su padre adoptivo, un viejo policía retirado, que descubre que su hijo es un asesino en potencia. Lo novedoso de la situación es que el padre se dedica a trabajar y encauzar lo mejor de los “talentos especiales” de Dexter: le enseña a “mezclarse” con la gente común y corriente para no ser descubierto, ya que como todo buen psicópata el hijo carece de empatía o remordimientos, y lo más importante, le inculca la noción de que sólo debe matar a aquellos que causan daño a otros y dejar al resto en paz. Al llegar a la adultez llega a ser un perito forense estilo “CSI” especializado en analizar rastros de sangre en escenas de crímenes. De más está decir que esto lo deja en una inmejorable posición para seguir de cerca a sus potenciales víctimas. En el intertanto mantiene una estrecha relación de amistad con su hermana adoptiva que también es policía (una mina no muy clever, pero bastante rica) y a quien ayuda a resolver casos y así ascender de “paca” de uniforme a detective.

Lo que más llama la atención es la simpatía que el personaje despierta en la teleaudiencia y también en el mundo ficticio en que se mueve. Todos lo tienen por un “buen gallo” y si no fuera por la narración en off del protagonista, donde nos informa de lo que realmente está pensando, nadie notaría nada inusual en él. Esto me lleva a pensar cuánto hay de verdad en el argumento de la serie. El hecho de que en nuestra sociedad actual la gente que aparentemente es desadaptada es más normal que muchas personas “políticamente correctas” e incluso exitosas. Uno se queda con la sensación de que el vecino afable que poda el césped y saluda en las mañanas puede esconder terribles secretos en su armario. Que el funcionario eficiente que nunca falta a su trabajo tiene quizás una doble vida que todos despreciarían si se enteraran de lo que oculta en su mente. Sin embargo, este anti-héroe encarna el deseo de muchos, a quienes les gustaría estar desprovistos de sentimientos y que las cosas desagradables de la vida le resbalaran como gotas de agua en un impermeable. Tener la capacidad de sacar de circulación a esas personas insoportables que a veces se nos cruzan en el camino. Y sin la menor culpa.

Pero admitámoslo, la mayoría de nosotros somos seres morales con conciencia del bien y el mal, que solo soñamos con romper las reglas de una manera tan brutal. Ahora, si esto parece una exageración de mi parte, no queda más que recordar parte de un poema de Pablo Neruda “Walking Around” donde dice que
“seria delicioso matar a una monja con un golpe de oreja y andar gritando por las calles desnudo, aterido de frío, con un cuchillo verde”. Y si esto no es una forma de violencia enmascarada bajo la forma de un texto surrealista, no sé que otra cosa pueda ser. Viniendo de nuestro bardo, premio Nóbel, ícono de la buena mesa y las amistades con empanadas, sopa de cebolla y vino tinto, no es un detalle menor.

Quién sabe, a lo mejor el interés del publico decaiga después de la segunda temporada, pero es una serie bastante original (siempre y cuando dejemos de lado la MUY obvia cita a la película “Taxi Driver” del primer episodio) aunque no sea apta para los delicados de estómago. Personalmente nunca vi un capitulo completo de “Alguien te Mira” de TVN, quizás porque el asesino me pareció un personaje bastante “rasca”, siempre urgido, transpirando e irascible. No muy compatible con un comportamiento sicopático. Igual mucha gente la siguió. Por algo será.

A propósito, los créditos iniciales a partir del segundo capítulo, son una verdadera obra de arte.










ANTONIO, LA PELOTA Y EL ROBOT



“¡Allá va, agárrala!" – un golpe seco y la pelota se viene como bala de cañón hacia Antonio que hace lo mejor que puede para detenerla, pero se le escapa de las manos y tiene que correr para alcanzarla.

“La tiraste muy lejos" – jadea – "¡no vale!"
“Así es el fútbol, le grita Jorge. “¿No querías ser pelotero?”
“No, ahora quiero ser ciclista”
“¿Y cuando se te ocurrió eso?”
“Hace poco. Un día que no estabas.” - Antonio da vuelta el balón entre sus manos y lo examina con atención: Es una autentica Nike Total 90 Aerow II de la LFP. Seis capas distintas. Más estable, más aerodinámica, más fácil para jugar.

“¿Dónde vas? ¡sigamos chuteando, poh!”
“Espérame un poco, tengo que hablar con tu mamá.”

Antonio se queda practicando tiros libres con la pared del patio, mientras de reojo ve que Jorge camina hacia la puerta entreabierta de la casa, donde lo espera su mujer con los brazos cruzados sobre el pecho, mirando hacia el suelo. Al correr hacia la reja del antejardín, ve el automóvil de Jorge estacionado afuera y dentro una mujer de cabello largo y rizado que lee una revista. Mientras la observa, ella parece sentir su mirada, levanta la vista y le sonríe, al tiempo que le hace una señal de saludo con la mano. Antonio no responde y se da la vuelta hacia el fondo del patio. Jorge y su mamá están conversando, pero algo no está bien. Desde la distancia ve que él agita las manos y ella, manos en la cintura esta vez, le dice algo, que Antonio no alcanza a escuchar, pero los gestos de ella le recuerdan los retos que a veces le llegan, cuando se ha portado “mas o menos, no más” como le dicen en el colegio. Entonces, Jorge vuelve a donde estaban jugando, y se pone en cuclillas, como cuando los grandes quieren decir algo importante.

“Oye Tano, me tengo que ir ahora”
“¿Ahora, y el partido? ¿A qué hora vas a volver?”
“No voy a volver por ahora, pero voy a venir a buscarte los fines de semana”
“¿Este fin de semana?”
“No creo, yo te aviso... sigue practicando, para que juguemos un partido de verdad... Chao, un beso.”
“Chao Papá”.

Esa tarde, Antonio va a casa de un compañero de colegio, al cual no conoce mucho, pero que su mamá piensa es “buena junta” y después de jugar un partido arquero – jugador, se baña en la piscina y comparte la mesa del almuerzo con su familia. Para Antonio este es un episodio difícil de entender. No hay reglas de etiqueta en la mesa, como las que se deben observar en casa. Los mayores estiran la mano para alcanzar las cosas y nadie pide permiso para nada. Lo bueno es que todos son humoristas aficionados, las bromas vuelan de un lado a otro y siempre devuelven la pelota, como si se tratara de un partido de tenis.

“Oye cabro, cambia la cara... ¿dónde es el funeral? ¡Ah, quedaste con hambre!”
“ No viejo, si lo que pasa es que el Toño es medio “nerd”... No cacha.
“Ah, ya entonces muéstrale el Robot Interplanetario...”
“Nooo, po’ linda la cuestión, si ni funciona.”
“ No funciona ahora querrás decir, ya que cierto personaje lo echó a perder.”
“Yo no fui”
“Ya, tráigalo hijo no sea egoísta, acuérdese que su amigo trajo la pelota para compartir”
“¡Pero mamá!”
“Ahora”
“Ya, bueno... ya voy”

A regañadientes, el compañero de Antonio va al dormitorio y vuelve con un Robot estilo Japonés, una copia del original, que da vuelta, prende los ojos y lanza misiles. “Ya no hace nada”... “es que se echó a perder a los dos días” le dicen. “Bueno, lo barato a la larga cuesta caro” – interviene la madre. El papá del improvisado amigo de Antonio, dice que na’ que ver, que el cabro no cuida las cosas y que por último para eso está la imaginación. Le saca el juguete de las manos y empieza a hacer la “voz” del robot y dice que va a apoderarse de la tierra y cosas por el estilo. Y el asunto va en serio, porque al final todos terminan en el suelo del living, lanzando cojines y haciendo ruidos de disparos láser.

En la tarde, Antonio mira la hora y decide que es hora de irse. Antonio y su amigo nuevo recorren un par de cuadras juntos, para “encaminarse”. De pronto Antonio dice que tiene una idea:

“Te cambio mi pelota por tu robot”
“Ya, seguro”
“En serio, que se muera mi mamá si es mentira”
“ Vo’ tai loco... esa pelota es de marca”
“Me gusta más el robot”
“tai cagao’”
“Trato hecho o no?”
“Bueno ya, trato hecho, pero si mañana me la queris quitar te va llegar pero qué combo en l’ hocico”
“ Ya. OK... Combo en l’hocico”

Los dos intercambian pelota y robot al mismo tiempo, como si se tratara de un intercambio de documentos ultra-secretos.

Bueno, dice Antonio – “nos juntamos mañana de nuevo”

“¡Con vo’ poh!”
“!Púdrete!”
“¡Ya, chao!”

Cuando por fin llega a su casa, Antonio no necesita tocar a la puerta porque ya tiene llave de la entrada. En la puerta del refrigerador se encuentra con un mensaje de su madre donde le dice que tuvo que ir a hacer unas “diligencias” y que la comida está en el microondas. Pero Antonio no tiene hambre. Entra a su dormitorio y sin encender el computador por primera vez en mucho tiempo, saca una caja de herramientas que tiene debajo de la cama, toma un par de destornilladores Phillips y con paciencia, concentración y método se dedica a desarmar el robot, hasta que separa en distintos lugares del piso la carcasa, los leds rojos, amarillos y azules, la batería, un papel que dice “made in China”, junto con un montón de cables y chips medio fundidos. Ahora su tarea esta completa. En realidad, todavía no.
Tiene que averiguar como funciona. Volverlo a armar, y las instrucciones no están dentro.



Rodrigo Gómez
Santiago, Junio de 2007