Dexter: mi vecino, el asesino




Hace poco tiempo atrás empecé a ver una serie de TV que emite el canal Showtime en EEUU y que para variar, no ha llegado a Chile, a pesar de que comenzó su primera temporada el 2006. No sé cuándo ni cómo llegué a saber de su existencia, pero de ahí a bajar capítulos desde Internet y volverme adicto a ella hubo un solo paso.

La premisa es simple: un asesino en serie que se dedica a matar a otros asesinos en serie. Criado por su padre adoptivo, un viejo policía retirado, que descubre que su hijo es un asesino en potencia. Lo novedoso de la situación es que el padre se dedica a trabajar y encauzar lo mejor de los “talentos especiales” de Dexter: le enseña a “mezclarse” con la gente común y corriente para no ser descubierto, ya que como todo buen psicópata el hijo carece de empatía o remordimientos, y lo más importante, le inculca la noción de que sólo debe matar a aquellos que causan daño a otros y dejar al resto en paz. Al llegar a la adultez llega a ser un perito forense estilo “CSI” especializado en analizar rastros de sangre en escenas de crímenes. De más está decir que esto lo deja en una inmejorable posición para seguir de cerca a sus potenciales víctimas. En el intertanto mantiene una estrecha relación de amistad con su hermana adoptiva que también es policía (una mina no muy clever, pero bastante rica) y a quien ayuda a resolver casos y así ascender de “paca” de uniforme a detective.

Lo que más llama la atención es la simpatía que el personaje despierta en la teleaudiencia y también en el mundo ficticio en que se mueve. Todos lo tienen por un “buen gallo” y si no fuera por la narración en off del protagonista, donde nos informa de lo que realmente está pensando, nadie notaría nada inusual en él. Esto me lleva a pensar cuánto hay de verdad en el argumento de la serie. El hecho de que en nuestra sociedad actual la gente que aparentemente es desadaptada es más normal que muchas personas “políticamente correctas” e incluso exitosas. Uno se queda con la sensación de que el vecino afable que poda el césped y saluda en las mañanas puede esconder terribles secretos en su armario. Que el funcionario eficiente que nunca falta a su trabajo tiene quizás una doble vida que todos despreciarían si se enteraran de lo que oculta en su mente. Sin embargo, este anti-héroe encarna el deseo de muchos, a quienes les gustaría estar desprovistos de sentimientos y que las cosas desagradables de la vida le resbalaran como gotas de agua en un impermeable. Tener la capacidad de sacar de circulación a esas personas insoportables que a veces se nos cruzan en el camino. Y sin la menor culpa.

Pero admitámoslo, la mayoría de nosotros somos seres morales con conciencia del bien y el mal, que solo soñamos con romper las reglas de una manera tan brutal. Ahora, si esto parece una exageración de mi parte, no queda más que recordar parte de un poema de Pablo Neruda “Walking Around” donde dice que
“seria delicioso matar a una monja con un golpe de oreja y andar gritando por las calles desnudo, aterido de frío, con un cuchillo verde”. Y si esto no es una forma de violencia enmascarada bajo la forma de un texto surrealista, no sé que otra cosa pueda ser. Viniendo de nuestro bardo, premio Nóbel, ícono de la buena mesa y las amistades con empanadas, sopa de cebolla y vino tinto, no es un detalle menor.

Quién sabe, a lo mejor el interés del publico decaiga después de la segunda temporada, pero es una serie bastante original (siempre y cuando dejemos de lado la MUY obvia cita a la película “Taxi Driver” del primer episodio) aunque no sea apta para los delicados de estómago. Personalmente nunca vi un capitulo completo de “Alguien te Mira” de TVN, quizás porque el asesino me pareció un personaje bastante “rasca”, siempre urgido, transpirando e irascible. No muy compatible con un comportamiento sicopático. Igual mucha gente la siguió. Por algo será.

A propósito, los créditos iniciales a partir del segundo capítulo, son una verdadera obra de arte.