Mi especialidad es
empaquetar. Bueno, no, esa no es mi verdadera especialidad, los computadores
son lo mío, pero todavía no termino la carrera y antes creía que lo mejor que
hago es empacar en el super; esa es mi pega de medio tiempo: separo, clasifico
y embolso, todo en un tiempo record. Soy el regalón de las cajeras y en un buen
día me llevo lo suficiente para las fotocopias y alguna que otra cosita. Todo
bien, hasta que un día mi profe nos dió la tarea: ¿Cómo podemos alcanzar la
felicidad? Yo me puse a pensar y escribí un programa que calcula Felicidad / Deberes. Al otro día el
resultado fue Deberes + Vocación = Felicidad. Quedé pa’ dentro. No podía
ser feliz sin tener los dos lados de la ecuación resueltos: ¿Cómo era la cosa
entonces? Y me quedé sin dormir 2 noches seguidas. Cuando la profe nos entregó
los resultados me llevé tremenda sorpresa. Mi trabajo era el mejor del curso.
“¡Muy original tu programa!” me dijo: “Se nota que tienes condiciones de
programador”.
Y ese fue el día en que me dí cuenta de que mi especialidad era ser feliz.
Y ese fue el día en que me dí cuenta de que mi especialidad era ser feliz.

